En nuestro paso por el departamento del Cauca tuvimos la oportunidad de conocer una serie de proyectos productivos que, claramente, van nadando en contra de la corriente. Con el apoyo de la organización CETEC, asociaciones veredales campesinas lideran emprendimientos alrededor del cultivo de la yuca, de la panela, y de la avicultura, entre otros. 

Al avanzar por la carretera Panamericana y cruzar la región del Valle del Cauca es imposible ignorar la principal protagonista del camino, la caña de azúcar. Pedaleando al costado de la vía no sólo percibimos el poder de la industria azucarera al mirar el paisaje, también sentimos el ímpetu de los camiones cargados con 4 o 5 contenedores de caña. El sonido y el viento que generaron al sobrepasarnos nos desestabilizó y obligó a acercarnos más al margen del asfalto. Después de varios kilómetros notamos la falta de hogares campesinos en el paisaje, allí habitaba la industria, los campesinos estaban en otro lugar. No en vano esta región concentra el mayor número de estos cultivos destinados a la producción de azúcar, ron, aguardiente, etanol, entre otros.

Al entrar al departamento del Cauca y llegar a Santander de Quilichao, 50 kilómetros al sur de Cali, el paisaje empezó a cambiar y el monocultivo perdió protagonismo. Volvieron a aparecer los hogares campesinos y los predios tenían límites que eran evidentes a simple vista. Al informarnos un poco acerca de este contraste encontramos unos datos que se vieron respaldados con lo que habíamos percibido en la ruta. En Colombia, los datos del último censo agropecuario muestran que el 0.1% de las explotaciones agropecuarias controla el 60% de la tierra, mientras que el 81% de las explotaciones ocupa menos del 5%. Esta impresionante estadística es propia del país más desigual en el acceso a la tierra en América Latina, y esta concentración de la propiedad sólo se ha venido acentuando con el pasar del tiempo.

En 1970, los predios grandes (de más de 500 Ha) ocupaban en total 5 millones de hectáreas, pero en 2014 pasaron a ocupar 47 millones. En el mismo periodo su tamaño promedio pasó de 1.000 a 5.000 hectáreas.
(OXFAM Internacional, 2017)

La población del Cauca ha sido protagonista de esta historia en la que las grandes extensiones de tierra siguen creciendo a expensas de los pequeños propietarios. Y es que, mientas el Valle del Cauca cuenta con terrenos planos y fértiles, al sur se alza el macizo colombiano con escarpados cerros y cerradas montañas. A lo largo de los años, los propietarios de grandes extensiones de tierra en el Valle han generado un proceso de desplazamiento campesino. Al adquirir estos terrenos fértiles han llevado a que los antiguos propietarios de estas tierras se tengan que reubicar en terrenos menos fértiles, como los del departamento del Cauca. Sin embargo, están surgiendo iniciativas productivas lideradas por asociaciones comunitarias que están trabajando por mejorar las condiciones de vida de este campesinado. Por esta razón llegamos a la vereda San Antonio, a pocos kilómetros del centro urbano de Santander de Quilichao, para conocer de primera mano a quienes están desafiando esta realidad.

Nuestro interlocutor fue la Corporación para Estudios Interdisciplinarios y Asesoría Técnica (CETEC), la organización que ha trabajado por más de 30 años con estas comunidades. En 1985, mientras se consolidaba la empresa capitalista cañicultora y se disolvía la mayor parte del campesinado parcelario, CETEC empezó a promover organizaciones económicas en comunidades pobres. Era como nadar contra la corriente. Se enfocaron en promover propuestas tecnológicas con base en variables clave como los suelos, el agua, la biodiversidad, el trabajo familiar, los medios de trabajo, los insumos productivos y los mecanismos de comercialización. Todo esto sin perder de vista el componente de género, al fortalecer el rol de la mujer en cada uno de los programas.

Se han esforzado por desarrollar de manera equilibrada una economía de autoconsumo y una de mercado. La razón para hacerlo es que cuando se rompe este equilibrio se amenaza la sostenibilidad de la economía campesina. Si se adopta una orientación exclusiva hacia el mercado se amenaza la soberanía alimentaria de estos hogares y la comida se convierte en un gasto más. Por otro lado, al enfocarse exclusivamente en la economía de autoconsumo, los hogares sacrifican esta fuente de ingresos. En ambos casos se termina afectando la capacidad de estos hogares para suplir sus necesidades de educación, salud, insumos, entre otras. Sin embargo, para CETEC la sostenibilidad va más allá de la unidad de producción campesina y se extiende a la sostenibilidad del campesinado. Por esto, la población con la que trabaja se estructura con base en las comunidades veredales.

La Asociación Regional para el Desarrollo del Campesinado Nortecaucano (Ardecanc), que fue creada con el apoyo de CETEC, es la organización que ha asumido la representación de los intereses de los campesinos asociados. Tras 20 años de existencia, agrupa 24 asociaciones campesinas de municipios como Santander de Quilichao, Buenos Aires, Caldono y Caloto. Su labor se enfoca en trabajar en conjunto con CETEC y representantes de la región para la gestión de proyectos sociales y productivos. La principal ventaja de conformar estas organizaciones veredales es otorgarles una personería jurídica a estos colectivos campesinos. Esto les ha permitido, entre otras cosas, el acceso a créditos asociativos por medio del Fondo Agropecuario de Garantías. Sin embargo, aún hace falta fortalecer aún más las capacidades de las comunidades para formular proyectos e iniciativas. Aunque las asociaciones de La Venta y La Berta en Jamundí son excepciones de esta carencia, por el contrario, estos colectivos han sido capaces de gestionar sus propias propuestas.

Con el objetivo de fortalecer la competitividad de los productores campesinos, CETEC ha destinado importantes esfuerzos para integrar verticalmente la cadena de producción por medio del almacén de insumos Procampo, la productora de alimento concentrado para pollos campesinos orgánicos Alicampo, y Fundemerca, la organización encargada de la comercialización de la producción campesina. Este conjunto de empresas, cuya propiedad y control lo tienen las organizaciones veredales, permite a los campesinos protegerse de relaciones de mercado inciertas y riesgosas, ya que lespermite establecer acuerdos de volúmenes y precios con empresas que, finalmente, son de su propiedad. Sin embargo, esto no los sustrae de las dinámicas de competencia que también las pueden hacer fracasar.

Las alternativas que se están cultivando

Tuvimos la oportunidad de visitar dos de los proyectos productivos que se están ejecutando en la región, el primer proyecto que visitamos fue la Rayandería Dos Gemas. Allí conocimos a Edilberto de 76 años, quien desde hace más de 30 años ha estado involucrado en esta iniciativa que dinamizó el mercado de la yuca en esta zona. También es uno de los miembros de la Asociación para el Bienestar Comunitario de la vereda San Antonio (ASOBIENC), conformada por 15 integrantes de los cuales sólo 4 son hombres. A partir del trabajo de esta asociación se impulsaron alternativas al cultivo de café que predominaba en la región. Se buscó este cambio ya que enfrentaron una serie de problemas en la producción y altos precios de los intermediarios que agotaron la rentabilidad restante. Aprovechando que las condiciones del suelo eran favorables para el cultivo de yuca, la comunidad formuló el proyecto de la rayandería con el propósito de poder extraer el almidón y comercializar un producto procesado en lugar de un insumo sin valor agregado.

Con el apoyo de CETEC estructuraron este proyecto contemplando factores técnicos, sociales y comerciales. Por un lado, construyeron una cámara térmica en la que producían las semillas de yuca que luego serían llevadas a campo. En ésta se alcanzan temperaturas cercanas a los 60 grados para liberar de virus el material vegetal que se está propagando. Con el objetivo de vincular a la población joven conformaron un equipo calificado para brindar asistencia técnica a los productores. Después de los 12 a 14 meses de espera previo a la cosecha, se procesa la yuca en la rayandería para obtener el almidón que luego es comercializado a Todoyuca para la producción de alimentos.

Entre las victorias alcanzadas del programa está el aumento de productividad de los cultivos. Aida Mesud, miembro de ASOBIENC, nos compartió cómo su producción pasó de 60 hasta 200 kilogramos por la implementación de recomendaciones técnicas como el uso de cercas vivas. Otro logro del programa de asistencia técnica fue que incluso llegó a asesorar a productores que no hacían parte de las asociaciones, lo que permitió dar a conocer los resultados que se podían alcanzar bajo un esquema estructurado de producción.

Sin embargo, actualmente son varios los desafíos que protagonizan el presente de la rayandería Dos Gemas. Por un lado, los precios presentan una fluctuación importante que está afectando la rentabilidad del proyecto. Además, no logran comercializar subproductos como el afrecho debido a un aumento en la oferta por parte de otros competidores. Se suma que los logros del programa de asistencia técnica se han visto atenuados debido a que los jóvenes encargados de esta labor han migrado a las ciudades, o han optado por otras alternativas de empleo en busca de una mayor remuneración. Esto se ha visto reflejado en una productividad menor a la alcanzada en tiempos anteriores y puede estar relacionado con la falta de cultivos para consumo propio en los predios de los productores.

El caso del trapiche La Palmereña es diferente, este proyecto se ha venido consolidando en una trayectoria de 20 años en conjunto con la asociación veredal ASOLPAZ de El Palmar. Nuestra visita fue atendida por Viviana Loboa, su representante legal, en el centro de acopio que se encuentra en el centro de Santander de Quilichao. Allí llega la producción de los trapiches de las 630 familias que pertenecen a esta asociación, así como las vinculadas a Asopanela que agrupa 8 organizaciones veredales y aporta un número similar de familias al conjunto, para un total aproximado de 1.250 familias vinculadas a este proyecto. Como asociación cuentan con una capacidad de producción cercana a las 50 toneladas de panela semanales.

Al entrar a estas instalaciones fue inevitable no notar el dulce aroma de este producto derivado de la caña de azúcar. Nos llamó la atención el orden y la estructura que existe en el lugar, que fue construido con recursos públicos de regalías. Desde el almacenamiento de la materia prima hasta las áreas de tamizado, mezcla y empacado del producto terminado se perciben los esfuerzos conjuntos para convertir este proyecto en uno insignia para la región. El centro de acopio se ha convertido en un sinónimo de progreso y oportunidad.

El empoderamiento de las comunidades asociadas, en conjunto con el apoyo de CETEC, ha permitido que este proyecto sea sostenible y marque la diferencia en el mercado de la caña. Han logrado vincular a pequeños productores que suministran caña orgánica que cumple con los estándares exigidos para entrar a mercados internacionales, puntualmente a los que están regidos por condiciones de comercio justo. Hace 2 años lograron exportar su producción a Italia protegiendo la justa remuneración para los agricultores y han competido en el mercado sin sacrificar la sostenibilidad ambiental, social y económica de sus miembros y su entorno.

Pero, como nada es perfecto, este proyecto no está libre de desafíos. Actualmente carecen de materia prima suficiente para satisfacer la demanda local e internacional debido a la gran acogida que ha tenido este producto. En esta región del Cauca prima el cultivo de la yuca sobre el de la caña, por lo que se están haciendo esfuerzos importantes para la promoción del segundo cultivo sobre el primero. El problema es que estos esfuerzos se hacen de manera descoordinada con estas comunidades. Aunque el Estado promueve el cultivo de caña como una alternativa para los excombatientes, falla al no fomentar un manejo orgánico en su producción y en la certificación de sus prácticas. Esto imposibilita su participación en este emprendimiento con gran trayectoria y proyección.

Estos son sólo dos ejemplos de los esfuerzos que ha realizado CETEC en conjunto con las asociaciones veredales para la promoción de un desarrollo a partir de las comunidades. Otros programas en los que han trabajado son los fondos para ofrecer créditos de bajo costo para cubrir necesidades de capital de trabajo, y el fomento de proyectos avícolas que están integrados con grandes productores y comercializadores a nivel nacional. Actualmente, el principal desafío interno que deben enfrentar es el logro de un relevo generacional al interior de las asociaciones campesinas veredales. Para esto trabajan en acciones que favorezcan la vinculación de jóvenes a los proyectos existentes, para lo cual se cuenta con el apoyo de la Unión Europea. Tienen la meta de vincular 700 jóvenes con edades entre 17 y 35 años; al momento de nuestra visita se habían logrado vincular más de 300.

Lamentablemente, no podemos dar cierre a ese escrito sin mencionar las tensiones que persisten en esta zona del país. La minería ilegal ha sido protagonista de grandes tragedias en las que un número desconocido de personas han perdido la vida debido a las peligrosas prácticas de este negocio que atrae grandes capitales de manera irregular. Hace solo dos años fueron incautadas 200 retroexcavadoras destinadas para este fin, pero esto no ha servido para frenar este fenómeno que simplemente se ajusta a las condiciones y adopta otras prácticas aún más riesgosas. Un punto que simboliza la persistencia de estos conflictos es el Cerro Garrapatero. Desde su cima, según nos cuentan, no sólo se presencia riqueza hídrica y la biodiversidad de la región, al observar con mayor detalle se pueden divisar las plantaciones de coca y diversos frentes de trabajo que explotan ilegalmente el oro que yace en el lecho de los ríos.

Más allá de lograr beneficios económicos para estas comunidades, esta iniciativa busca fortalecer la sociedad campesina con el objetivo de lograr que los proyectos formulados y ejecutados por estas asociaciones sean sostenibles en el tiempo. Sin embargo, las victorias alcanzadas en conjunto con las comunidades no son ajenas a las presiones del contexto. El desafío de llevar opciones viables de desarrollo para esta región crece en complejidad con la presencia de alternativas ilegales. Éstas no sólo absorben a los más jóvenes, sino que perpetúan una dinámica de violencia entre las comunidades y en su relación con la naturaleza.

Escrito por: Sergio Martínez

Referencias bibliográficas

 

OXFAM Internacional. (2017, Mayo). Radiografía de la desigualdad. Lo que nos dice el último censo agropecuario sobre la distribución de la tierra en Colombia. Recuperado de OXFAM International: https://d1tn3vj7xz9fdh.cloudfront.net/s3fs-public/file_attachments/radiografia_de_la_desigualdad.pdf

OXFAM International. (s.f.). Radiografía de la desigualdad: distribución de la tierra en Colombia. Recuperado de OXFAM International: https://blogs.oxfam.org/es/blogs/17-07-04-radiograf%C3%ADa-de-la-desigualdad-distribución-de-la-tierra-en-colombia

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