La Fundación Bochinche es un colectivo de jóvenes que promueve el empoderamiento comunitario en el Distrito de Aguablanca, al oriente de Cali, Colombia. Se enfoca en superar la fuerte violencia que existe en los barrios, principalmente con acciones para mitigar las fronteras invisibles. Desarrollan diferentes programas y actividades enfocadas en el respeto a los derechos humanos y la promoción cultural, y ya han beneficiado a más de 200 personas de la comunidad. Uno de los líderes más destacables de la Fundación Bochinche es Jhon Eyder Viáfara y con él tuvimos varias conversaciones enérgicas, cuestionadoras y bochincheras. Compartimos un consolidado de las entrevistas:  

Primero cuéntanos sobre ti.

Soy un joven afro descendiente. Nací en la ciudad de Cali, pero mi familia materna viene del Pacífico colombiano, exactamente del Pacífico nariñense, en la costa de Tumaco. Mi familia paterna viene del norte del Cauca entonces esto me da muchos elementos que me hacen muy negro como me defino, como una persona de alma muy negra.

Eres un líder convencido de generar cambios sociales en tu territorio. ¿Cuándo iniciaste en el campo social?

Tuve una historia en la política pero en lo social comencé a sentir más satisfacción por hacer las cosas, satisfacción de ver cómo con un pequeño acto le puede cambiar la vida y el pensamiento a un niño, a un adolescente y a un joven. Y eso me parecía súper mágico. Ver la gente sonriendo cuando uno hacía las cosas por ellos, me generó sinergias de felicidad, de satisfacción personal. 

¿Y cuáles fueron tus principales influencias para formarte como líder social?

En el pueblo Robles (Valle del Cauca), que eso queda de Chilvi para adentro, vi cómo mi abuelo era el súper líder en una selva literal. El liderazgo de mi abuelo era un liderazgo preciso totalmente decidido a luchar por su comunidad. Mi mamá era la pasión pura, era la propia lidereza de corazón, alma y cuerpo. Mi mamá era la honestidad pura, tenía el poder de ser la fiscal, de ser la tesorera, de ser la secretaria, de ser la juez de paz de la comunidad. Pudo tener proyectos para la comuna de 60 o 100 millones de pesos y nunca se robó un peso. Ellos determinaron mi formación como líder.

Cuéntanos en dónde nos encontramos en este momento

Estamos en el Distrito de Aguablanca, pero hay que entender que no estamos en un distrito plenamente dicho. Estamos en una zona conformada por alrededor de 5 o 6 comunas al oriente de la ciudad de Cali. Diferentes personas se han encargado de decir que acá pasan cosas negativas. Sí hay altos índices de violencia pero nosotros decimos que este es un lugar lleno de iniciativas sociales para combatir esas situaciones. 

Para entender el Distrito hay que comprender que se creó por políticas del gobierno que generaron que a este lugar llegaran personas de muchos municipios. Es como si yo cojo una persona del Amazonas, una de la Guajira, luego cojo alguien de Bogotá, del centro, y luego cojo alguien de Caquetá y del Pacífico, y los meto en la misma casa sin más ni menos, sin presentarlos ni nada. Además estas personas, vivían en lugares donde tenían caballos, marraneras y amplios espacios, y luego llegaron a una casa de 15 o 20 metros cuadrados para 6 personas. Y lógicamente eso genera ciertas dinámicas positivas y negativas. Definitivamente Cali es multidiversa. Y digo multidiversa porque en este espacio, que ya es diverso, en una sola cuadra podés encontrar toda Colombia reunida.

¿Y ha habido alguna solución ante las problemáticas de violencia del Distrito?

El Distrito de Aguablanca constantemente renueva su alma. ¿Por qué renueva su alma?, porque a pesar de tantas dificultades, de tantas cosas malas que se ven y se dicen, el Distrito es quien crea y pone casi todas las iniciativas para solucionarlo. Hay unas iniciativas geniales. En contraste, las políticas públicas o las políticas de gobierno no han funcionado porque no se ajustan a los tiempos de las dinámicas sociales, es decir, cuando nos censan y después, durante el tiempo que van y crean una política pública, el territorio y las dinámicas ya han cambiado totalmente. Esto significa que las políticas pueden ser muy buenas pero no están en el tiempo correcto. 

Relacionado a la violencia del Distrito, hay un tema crucial que son las fronteras invisibles. ¿Qué significan las fronteras invisibles en el Distrito?

Es el simple hecho de no poder ir a comprar el pan a la panadería que queda en la esquina de mi casa porque existe una cosa que se llama frontera invisible y que no la puedo cruzar. La frontera invisible no es más que un espacio del no: no puedo sentir, no puedo estar, no puedo ser, no puedo pasar. Hay todo un imaginario frente a ese espacio de frontera invisible, que se vuelve muy real cuando alguien pierde la vida o cuando alguien pone en riesgo su vida por estar ahí parado. Sencillamente porque alguien dijo que no se podía estar ahí.

Hoy no hay una política para intervenir eso. Se están haciendo esfuerzos que se valoran desde lo público, desde lo privado, desde lo social, pero no hay algo que estructuralmente tenga el objetivo de terminar las fronteras invisibles. Es una cosa que aún se queda en el aire. 

¿Cómo inició la Fundación Bochinche?

Primero hay que decir que bochinche en el pacífico colombiano está relacionado con el chisme o las palabrerías, pero también con situaciones de desorden y mucho ruido. Pero nosotros, en la Fundación le dimos un significado diferente al concepto.

En cuanto a la Fundación, después de una experiencia fallida de la Alcaldía de generar trabajos con grupos de jóvenes líderes del Distrito, quedó un grupo base de líderes que nos comenzamos a pensar diferentes acciones para nuestra comunidad. Comenzamos a hacer mingas con la cruz roja, trabajamos con la Secretaría de Cultura, e hicimos muchas más cosas. Hasta que nos comenzamos a llamar Colectivo jóvenes por jóvenes. Siendo este colectivo apareció Premio Cívico para apoyarnos y ellos dijeron que nosotros la estábamos rompiendo.

Después, como colectivo de jóvenes creamos la Fundación Bochinche para demostrar que nos pensamos una comunidad diferente, una ciudad diferente, una comuna diferente y nos la pensamos desde la regla básica: el respeto a la diferencia. Y la diferencia no como un elemento de enemistad y de volvernos enemigos, sino como una gran oportunidad. Que seamos diferentes es la gran oportunidad de construir juntos. Entonces desde ahí aplicamos casi todo lo que hacemos en el Bochinche, por eso mientras más diferente pensemos y creamos que esas diferencias son irreconciliables, nosotros más hacemos bochinche. 

Cuando inició el Bochinche yo estaba terminando la universidad pero la gente de la comuna se estaba comiendo el mundo positivamente. Y eso me motivó a trabajar con ellos. Esta gente, Karina, Isa, Talia, Mariana, Fernando, Jeferson, Marvin, Beto, Brayan, Gustavo, Dani y muchos más, estaban cambiando unos paradigmas dentro de un territorio cargado de problemáticas, en el que usted tiene hijos a los 14 años o usted tiene una moto, una R15, y es sicario. Pero esta gente se estaba pensando cosas muy diferentes para cambiar su realidad desde la música, el baile, la peluquería, la promoción de derechos sexuales, la comida, y muchas más. Con estas acciones en nuestro entorno cambiamos el concepto de bochinche a algo positivo.

¿En esencia qué es la Fundación Bochinche?

Bochinche es una oportunidad perfecta para crecer como persona, para crecer como comunidad y en especial para transformar vidas, empezando por las propias. El Bochinche no es un cuerpo muerto, no es un árbol asentado en un solo territorio. El Bochinche es lo que hicieron las señoras de Bojayá con todos sus muertos. En vez de ponerse a crear mensajes violentos se fueron al río a pedirle a sus ancestralidades que castigaran a esas personas. Es decir, le dieron una bofetada a este país que está acostumbrado a que todo se resuelve a bala o a golpes. Llorando ellas le pidieron al río y a sus ancestralidades que tomaran cartas en el asunto. 

¿Actualmente qué tipo de programas o actividades ejecuta la Fundación?

Los programas son bien diversos. Tenemos el programa “Bochinchero y bochinchera sexual”, que promueve la comprensión de los derechos sexuales y reproductivos de las personas. También trabajamos para demostrar cómo podemos hacer construcción de proyecto de vida y transformar mentes desde el arte con el programa “BochincheArte”. Tenemos “Mi derecho a ser bochinchón”, que incluye actividades que ratifican el respeto por el derecho ajeno. También contamos con “Bochinches ambientales”, que sobre todo es para niños de 5 a 10 años. Son 3 pasos en los que fortalecemos las relaciones de los niños con su círculo de cuidadores, fortalecemos el carácter de los niños, y les brindamos nuevas experiencias ambientales. La idea es que un niño sea capaz de asumir y tomar una decisión con solo 8 o 10 años, y no porque “tenga que” sino porque “quiere que” y lo asuma así. 

Otro programa insignia es “Liderando mi bochinche”, que es una experiencia magnífica de promoción del liderazgo juvenil con énfasis en cómo, colectivamente, trabajamos y comenzamos a construir cosas en conjunto. En este programa partimos de la idea de que todos individualmente creemos que somos excelentes líderes pero cuando eso lo llevamos a un contexto social, a un contexto comunitario o a un contexto colectivo, comienza a no funcionar porque entonces resulta que yo no soy tan bueno como pensaba. Yo soy el mejor escritor del mundo hasta que otro me lee, yo soy el mejor poeta del mundo hasta que otro viene y me dice otra poesía. 

Y desde cada uno de los programas aplicamos una metodología que venimos desarrollando y que fue la primera metodología que pensamos para nuestra comunidad. Se llama ICII que es Innovar, Cocrear, Inspirar e Impactar. Esa es la hoja de ruta en nuestros programas. Es como hacemos las cosas.

¿Qué le dirías a líderes sociales de otras regiones suramericanas?

Su iniciativa es el mar, usted no se quede en la playa, tan simple como eso. No crea que por estar haciendo las cosas bien, por estar mojándose los pies en la playa, no hay cosas enormes por descubrir dentro de su iniciativa. Descúbranse, explórense y considérense muy buenos. Recuerden que los más importante en esto es que usted está haciendo algo bien y eso ya lo pone en una posición diferente, porque ser líder no es fácil. Así que desde el Bochinche los invito a que hagan bochinche en sus iniciativas, cacareen como gallinas, fluyan como ríos y regálense abrazos como hermanos. Es la invitación desde aquí, desde nuestro bochinche hacia el suyo, cualquiera que sea.

Por mi lado, lo único que puedo hacer es seguir teniendo la esperanza firme y la voluntad puesta de que este Bochinche ayuda a transformar realidades positivamente. 

¿Nos puedes compartir una anécdota de acciones claves de Bochinche?

Tuvimos el poder de tomarnos un barrio como Mojica II, con una problemática de violencia muy grande, en una fecha como diciembre. Llegamos a una esquina en una oficina de cobro, al frente personas armadas y fumando marihuana, y nosotros con un Carnaval les dijimos: “es que este es mi bochinche y vengan muchachos y nos acompañan”. Y ver cómo estos muchachos de la oficina guardan las armas, apagan los cigarros y se van con nosotros saltando y gritando. Y entonces las señoras que andaban con nosotros estaban muy sorprendidas. Nosotros íbamos relajados con los manes y sus armas, y los cogíamos como de toda la vida, de lo más íntimo. Y cuando terminamos las señoras nos dicen: “miren ellos son los que dicen quién se muere y quién no se muere en este barrio”. Y nosotros: “ah si?, pero miren que con ellos se puede trabajar, con ellos se pueden hacer cosas.” Nos han recomendado evaluar y medir lo que hacemos en el Bochinche, pero yo digo, yo cómo puedo medir este tipo de cambios. 

Siempre que se trabaja en lo social, siempre vamos a ser muy anecdóticos, porque es lo que se queda en la memoria y en el alma. Son cosas que nos marcan realmente. 

Y ahora una anécdota más personal

Entre las 8 de la mañana y las 10 de las noche, en un evento de la Fundación, nos apoyó un niño, solo por el deseo de apoyar. Estuvo pendiente de la organización y movilización del evento. A las 10 pm en una panadería, varios amigos y yo nos sorprendimos mucho por haberlo visto todo el día en el evento y ver que aún seguía con nosotros. Le dijimos que pidiera lo que quisiera, y el niño pidió 2 panes de 500 pesos y nos dijo: “No hemos desayunado en mi casa y quiero llevarles algo de pan”. El niño se había aguantado todo el día sin comer solo por el deseo de acompañarnos y ayudarnos. Entonces, todos admirados reunimos y le compramos un mercado de panadería para su familia. Yo me quedé pensando esa noche, qué cambios sociales se podrían llegar a dar con personas como aquel niño. 

 

Escrito por: Nicolás Sandoval González

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