Antonio creció en San Juanito en el Meta, uno de los municipios que se encuentran a mayor altura del departamento al estar cerca de 1.800 metros sobre el nivel del mar. Allí vivió de la agricultura sembrando papa, maíz y sagú empleando fertilizantes y fungicidas químicos incluso sin tomar las medidas de protección necesarias. Al comentar con sus amigos que la fertilidad de los suelos estaba declinando con el tiempo, se enteró de la agricultura orgánica y cómo ésta protegía las propiedades del terreno. Después la vida lo llevó a Restrepo y lo tomó como un nuevo inicio para hacer las cosas de manera distinta.

Construyó su casa y la rodeó de palmas y árboles frutales, se enfocó en el cultivo del sagú con un manejo orgánico y ahora fabrica los mejores amasijos de harina de sagú de la región. Su vida y sus acciones son un ejemplo para las nuevas generaciones del campo y la relación que deben construir con la tierra.

Antonio dejó atrás el municipio en el que creció y adoptó una nueva mirada. Por amor a la naturaleza proyectó su finca de manera diferente.

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