Con una enorme sonrisa que se asomaba bajo un espeso bigote blanco, nos recibió Don Luis al llegar a su finca “Sueño Verde”. Allí llegamos por recomendación de varias personas que lo reconocen como el pionero de la producción sostenible de Cáqueza. A sus 76 años, y a pesar de tener sólo un par de años de estudio escolar, cuenta con varios títulos técnicos relacionados con la producción agroecológica.

Su esposa Maria del Carmen y sus hijos, Egui y Santiago, complementaron el gesto con una gran hospitalidad al recibirnos y acomodarnos en uno de los cuartos de su casa. Uno donde usualmente alojan a voluntarios que vienen de distintas partes del mundo para aportar a su proyecto. En esta ocasión compartimos el espacio con Charlotte, quien vino desde Alemania a hacer una maestría en geografía en la Universidad Nacional y llegó a la finca con la idea de tener una aproximación distinta al territorio que ahora habita.

Al día siguiente de haber llegado, Don Luis nos dio un recorrido por las parcelas que tiene sembradas, pero primero nos mostró con orgullo el lugar donde prepara los abonos orgánicos e insecticidas a base de ruda que luego emplea en sus cultivos. Parte de los conocimientos que adquirió en su formación con el Sena y le permitieron sustituir los tradicionales productos químicos que abundan en el campo. Nos cuenta que él aún reporta sus avances continuamente a los profesores con quienes no pierde contacto. Al escucharlo hablar sobre las prácticas de producción sostenible, es fácil identificar su pasión y su conocimiento técnico. Algo que no se ve recurrentemente en el campo colombiano en una persona de su edad.

Seguimos el recorrido y nos mostró sus parcelas. Allí no sólo tiene sembrados vegetales que usa recurrentemente en su cocina, también tiene sembrado quinua, chía, amaranto, y sacha inchi, entre otros. Al preguntarle a qué se debe esta variedad de especies en sus cultivos, nos responde con una claridad contundente que:

Mientras la industria impone un patrón de consumo que va en contra de la biodiversidad de especies nativas, el campesinado debe oponer resistencia.

 

Aclara, sin embargo, que estos esfuerzos deben mantener siempre un equilibrio, pues también se deben dedicar esfuerzos a la conservación de los recursos naturales que garantizan que la fertilidad del suelo no siga disminuyendo como se ha venido observando.

Ya era medio día, hora de almorzar. El plato era un delicioso cocido de diversos tubérculos que había preparado un vecino el día anterior para el festejo del cumpleaños de un familiar, y ante la abundancia en la preparación decidió compartirlo con nosotros. Después de comer juntos, Don Luis nos contó cómo han cambiado las condiciones del suelo a lo largo de su vida en el campo. Durante años sembró bajo las premisas de la Revolución Verde que inició en los años sesenta, haciendo uso de plaguicidas y fertilizantes químicos que inicialmente rindieron muy buenos resultados. Con el tiempo tuvieron que incrementar cada vez más la dosis de los insumos químicos mientras las condiciones del suelo se iban deteriorando y se iban reduciendo los márgenes de ganancia. Nos pone como ejemplo el sagú, que solía cultivarse con excelentes resultados pero la presencia de un hongo en el suelo que paulatinamente se volvió resistente a la aplicación de fungicidas químicos terminó acabando con las posibilidades de este cultivo. Ahora, con el manejo actual de sus parcelas, ha recuperado la rentabilidad de su proyecto y tiene la tranquilidad de heredarle a sus hijos un suelo fértil que proveerá con abundancia el alimento que necesitarán.

De repente vino a su memoria una de las citas más impresas en nuestro país, así no nos hayamos apropiado aún de su significado. “Yo no soy un hombre, soy un pueblo, y el pueblo es superior a sus dirigentes”, así rezan las palabras de Jorge Eliécer Gaitán en los billetes de mil pesos, y así la enunció Don Luis con el propósito de contarnos cómo ha cambiado el discurso político a lo largo de los años. Con el tiempo ha visto cómo los dirigentes se han ido adueñando de la voluntad del pueblo para complacer a grandes corporaciones, así durante su campaña en las plazas de los pueblos digan que se enfocarán en los pequeños productores. Esto lo refuerzan además con instituciones que sancionan pero no educan, y que promueven proyectos sin medir el posible impacto ambiental que puedan tener.

Todo esto fue lo que lo motivó a llamar su finca “Sueño Verde”, no precisamente inspirado bajo el nombre de la Revolución de 1960, sino bajo el deseo de que este espacio se convirtiera en el inicio de una nueva ola, la de la Revolución Ecológica. Esta es la razón por la que su rostro se llena con una gran sonrisa cada vez que llegan voluntarios de distintas partes del mundo a participar en su proyecto, siente que en cada persona que llega hay un nuevo adepto y potencialmente un nuevo multiplicador de un pensar diferente.

Sus primeras victorias son sus hijos, de ellos conocimos a Egui quien lo acompaña en el cuidado de los cultivos y el manejo de los voluntarios. También conocimos a Santiago, quien con veintidós años gestiona varios proyectos de apicultura en la zona y está próximo a profundizar sus conocimientos en un curso al respecto en París, donde vive su novia a quien conoció en una de las experiencias de voluntariado. Con ella inició un viaje de autostop hasta Perú, en el que decidió hacer arequipe para financiar el viaje. Esta deliciosa idea resonó en nuestros planes para el recorrido hasta Argentina, por lo que nos enseñó la receta que le permitió avanzar continuamente en su ruta hacia nuevos destinos. Durante varias horas nos reunimos al lado del fogón de leña de la cocina mientras nos compartía anécdotas y consejos de su recorrido. Este espacio sellaría nuestra estadía al tiempo que nos abría nuevos horizontes.

El día siguiente, temprano y bajo una llovizna que teñía el cielo de gris, empacamos nuestras maletas y atesoramos los aprendizajes. Ahora, nosotros reforzamos nuestros sueños con el suyo y continuamos nuestro recorrido agregando voces a un discurso diferente, un discurso enfocado en la gente.

Escrito por: Sergio Martínez

2 Comments

  • Javier Augusto Arteaga Ramírez says:

    Que bien que personas como ustedes,jóvenes,intelectuales,enfoquen sus esfuerzos en la construcción de una Colombia mejor,visualizando las personas humildes y nuestro campesinado ante el mundo de una forma creativa,osada y eficaz « mis más sinceras felicitaciones» y cuenten con.mi incondicional y humilde apoyo y colaboración para que este hermoso y constructivo proyecto llegue a un feliz termino por el bien de nuestra amada Colombia

    • Sergio Martínez says:

      Muchas gracias por tu mensaje Javier, seguimos sin descanso en nuestra labor de comunicar y compartir los pensamientos que invitan a cambios favorables.

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