Eran las 2 de la tarde, el clima de Cali estaba en su máximo esplendor. Un sol brillante y una brisa que sacudía las hojas de los árboles creaban la temperatura ideal. El carro que nos iba a llevar al corregimiento de Dapa, al norte de la ciudad, nos estaba esperando para iniciar un trayecto que no duraría más de 30 minutos. No estábamos completamente seguros de aceptar la invitación de ser transportados en carro y dejar nuestras bicicletas atrás. Sentíamos que las estábamos traicionando, pero nuestros futuros anfitriones nos habían insistido tanto hasta ese punto que era difícil rechazar el ofrecimiento. Nos dijeron que, aunque el recorrido era corto, había un tramo de unos 8 kilómetros de ascenso que nos podía complicar la llegada. Tras iniciar el recorrido, no tardamos en encontrarnos con una secuencia de empinadas curvas que terminó por darles la razón. El clima de Cali había quedado atrás, las chaquetas eran ahora una necesidad.

Cuando llegamos, el equipo de la Fundación Dapaviva nos estaba esperando. No hubo mucho espacio para presentaciones, después de una serie de apretones de manos nos montamos de nuevo en el carro para dirigirnos a una de las cuatro escuelas en las que estaban trabajando en el municipio de Yumbo. En el camino Olga, María V y Lina, las tres voluntarias que nos recibieron y que habitan en la zona, nos contaron que en las escuelas de las veredas de Alto Dapa, Buitrera, Yumbillo, La Olga y Salazar habían logrado gestionar un espacio para desarrollar una propuesta de educación ambiental. Allí desarrollan dinámicas para los niños en las que transmiten el valor de actuar de manera responsable con el ambiente, una labor que inició hace 10 años y que marcó el inicio de la Fundación. Gracias a esto, ellas, junto con Maria Mercedes, Patricia y Ana, tienen la oportunidad de abrir espacios de discusión alrededor de la conservación enmarcada en su entorno más inmediato, el bosque de niebla. Lograron, incluso, que en el colegio Rosa Zárate de Peña de Dapa, evaluara su propuesta de educación ambiental en el Proyecto Educativo Institucional (PEI) que establece los lineamientos de los contenidos que se imparten en el colegio.

Dentro de las dinámicas que manejan en este espacio está la elaboración de murales hechos de tapas de productos envasados como gaseosas y jugos. Esta fue la actividad a la que aportamos en esta ocasión. Al llegar a la sede educativa de Yumbillo, próxima a la Reserva Forestal Protectora Nacional Cerro Dapa Carisucio, el mural ya estaba avanzado, nuestro rol consistió en llenar de tapas las siluetas de los dibujos que ya estaban hechos en la pared. Nos sentamos rodeados de bultos de tapas que habían sido previamente lavadas y clasificadas por color. Fue impresionante ver tal cantidad, especialmente porque provenían en su gran mayoría de los productos que se consumían en la vereda. En uno de estos murales alcanzaron a utilizar 12.000 tapas. Mientras las pegábamos en el mural, Lina nos contó que la percepción de algunos profesores de las escuelas no era del todo positiva, para algunos esta actividad era una oda a la basura. Sin embargo, ella nos aclaró que la idea es dar un mensaje de alerta sobre la cantidad de residuos que se están produciendo, al tiempo que se hace una invitación para reciclar y promover usos alternativos para los residuos.

Al final de la tarde llegaron Ana y Armin, las dos personas que asumen actualmente la dirección de la Fundación. En ese momento, quienes fueron nuestras tres anfitrionas, nos comentaron que fue la transformación del paisaje lo que las motivó a vincularse a este proyecto, quieren actuar ante la reducción de la superficie de bosque y el creciente número de construcciones. Y, a pesar de que ninguna haya tenido una formación en pedagogía, el deseo de actuar para generar un cambio ha llevado a que este proyecto educativo se haya escalado. Adicional al espacio de las escuelas, la fundación trabaja con jóvenes guardabosques, tienen talleres de educación ambiental para adultos que titulan de manera muy diciente “Cómo nos cagamos el planeta”, hacen conversatorios con adultos mayores para hablar del pasado de la zona, dictan talleres de compostaje, y hacen caminatas de sensibilización una vez al mes, entre otras cosas. En ese punto la luz del día ya se estaba agotando, partimos con Ana y Armin para ubicarnos en su oficina, pues cuentan con unos camarotes. Los usaríamos por la duración de nuestra estancia.

Al día siguiente hicimos un recorrido de la zona y seguimos descubriendo progresivamente el alcance de este proyecto. Mientras avanzábamos una montaña imponente adornaba el paisaje. Ana nos contextualizó contándonos que contándonos que estábamos en la Reserva Forestal Protectora Nacional La Elvira. Un cerro imponente se alzaba al frente nuestro, se trataba del Cerro Carisucio. El origen de este nombre se debe a la explotación de carbón que se llevaba a cabo allí, por el tizne que caracterizaba a las personas que ejercían este oficio. Este es un indicador del tipo de acercamiento que han tenido las comunidades con el bosque, enfocándose en su uso para fines productivos. Según nos contó, un factor que incide en esto es la poca población autóctona de la zona, la mayoría de los habitantes rurales provienen de Nariño y Cauca, y no tienen un vínculo de pertenencia que los motive a defender aquello que encuentran a su alcance. Un agravante es que esta zona se ha convertido en un atractivo para la población de Cali por su clima fresco y su cercanía con la ciudad, lo que ha incrementado el número de casas de recreo en la zona. La creciente presión urbanizadora no solo ha transformado los espacios, sino que la comunidad rural ha ido disminuyendo para darle lugar a nuevos propietarios que no suelen habitar allí, acentuando la ausencia de un doliente por la conservación del capital ecológico de la zona. Ante la falta de corresponsabilidad del Estado, este vacío ha sido asumido por Dapaviva.

Armin, quien llegó como voluntario proveniente de Alemania hace unos años, nos contó cómo había aumentado el número de visitantes los fines de semana a causa de la pavimentación del segmento de la vía entre Cali y Dapa. Aunque a la vista de muchos fue considerado como un progreso, ahora el impacto de los nuevos transeúntes en este frágil ecosistema se suma al resto de afectaciones. A lo largo de la vinculación de Armin a la Fundación, él ha logrado confirmar el alto valor de los esfuerzos de conservación de este ecosistema. Éste no solo es el epicentro de las cuencas hidrográficas de Arroyohondo y del río Yumbo, en él también existe una gran variedad de fauna y flora, se han identificado 11 nuevas especies de orquídeas por medio de una investigación realizada en conjunto con la Universidad Nacional de Palmira. Ambos factores han incidido en que sea declarada como un área de protección prioritaria.

Sin embargo, a pesar de lograr este tipo de declaratorias, se siguen evidenciando actores que van en contra de ellas. Proyectos de champiñones que incumplen la normatividad, por ejemplo, pero persisten gracias a las influencias que tienen sus dueños al interior de entidades regulatorias. Este tipo de circunstancias hacen que en municipios cercanos, como Yumbo, haya empezado a escasear el agua. Pues, aunque puede que la producción de agua no haya disminuido sustancialmente, sí ha aumentado su intensidad de uso por fuera de los márgenes establecidos.

Con el objetivo de contrarrestar esto, se están adelantando trabajos de mitigación de impacto con fincas ganaderas por medio del manejo de sistemas silvopastoriles, el cercamiento de nacimientos y quebradas para ser aislados de animales, el uso de cercas vivas, y la creación de corredores de biodiversidad. Una de las victorias más importantes, en este sentido, es el caso de la finca La Niebla. Luego de conocer la diversidad de especies de flora y fauna que existían en su predio, el dueño se retractó de parcelar el terreno y lo vendió al municipio para que fuera destinado como área de conservación. Ahora, la cerca de punta amarilla que circunda el predio indica que el acceso al mismo es restringido y solo está permitido con propósitos de investigación.

Seguimos el recorrido hasta llegar al limite de los corregimientos de Dapa y Bitaco, en este punto el bosque había ganado un mayor protagonismo en el paisaje. Acá nos detuvimos un momento para presenciar el contraste con el paisaje que había quedado atrás. Esto no era fortuito, acá Ana nos contó de las dos reservas forestales que se unen en ese sitio, la RFPN La Elvira que recientemente se extendió a un área de 7.000 hectáreas, y la reserva forestal regional de Bitaco. Ahora estas reservas, junto con la RFPN Cerro Dapa Carisucio, forman un gran corredor que se acerca al Parque Nacional Los Farallones.  Se recurrió a este mecanismo como una medida de protección ante la presión expansiva urbana y agrícola. La extensión del área de la RNN La Elvira se logró, entre otras razones, gracias a que se trata de un Área Importante para la Conservación de Aves (AICA), aunque muy poca gente lo sabe. Allí es común ver grupos de avistamiento de aves que esperan observar la estrella de este bosque, la tángara multicolor, una especie endémica.

Armin nos aclara que estos avances no los han logrado solos, en ocasiones han trabajado en conjunto con otras organizaciones. Un ejemplo de esto es Calidris, una organización especializada en el estudio y la conservación de aves, con la que han ejecutado convenios en los que esta organización apoya con conocimientos específicos, mientras Dapaviva hace el acompañamiento en campo y se encarga de la relación con la comunidad. Ana y Armin son conscientes que su rol debe abordar asuntos comunitarios, privados, públicos, educativos y académicos. Por esta razón ocupan diferentes espacios de discusión, como la mesa de trabajo del Plan de Ordenamiento del Manejo de la Cuenca (POMCA) de la zona, funcionan como organización articuladora  ante del ministerio de ambiente y desarrollo sostenible para la declaratoria de Reservas Naturales de la Sociedad Civil, son participantes del Sistema Departamental de Áreas protegidas (SIDAP), junto con la Universidad autónoma de Occidente, con la que además trabajan juntos en capacitaciones para jóvenes guardabosques.

Al hablar al respecto, Ana nos cuenta la sorpresa que genera la apropiación de Armin del territorio al participar en estos espacios a nivel local y regional. Una grata sorpresa que compartimos nosotros también al conocerlo, especialmente porque también se ha apropiado de palabras del léxico popular y ahora lo único que lo delata es su acento (y su altura, sus ojos claros y su cabello rubio). Todo esto lo ha convertido en un referente para los jóvenes de la zona.

Este conjunto de logros alcanzados por la Fundación confirma los esfuerzos realizados en toda su trayectoria. Su impacto en la comunidad le otorga una legitimidad que se vio reforzada por medio del apoyo recibido por parte de la Fundación Interamericana (IAF por sus siglas en inglés). Gracias a este, han logrado fortalecer su gestión administrativa por medio de un programa de formación de capacidades para la planificación de estrategias que comprendan las distintas dimensiones de una organización y de su entorno.

El tiempo de reanudar nuestro camino se acercaba, pero antes de irnos Ana y Armin aún tenían cosas por compartir con nosotros, querían complementar la presentación de su proyecto con una faceta más personal. El día que volveríamos a Cali para recoger nuestras bicicletas nos invitaron a desayunar en su casa. Nos recogieron en la oficina en su camioneta y avanzamos hasta el punto donde había acceso para vehículos. Allí empezamos a caminar por una ladera y nos adentramos en el bosque. Aunque no era una situación común, tenía todo el sentido que su hogar quedara internado en la montaña, resguardado por la niebla. Después del último giro del camino, que se iba estrechando al andar, emergió una cabaña de madera con un pequeño jardín en el que había plátano para las aves que se atrevían a visitarlos. Inmediatamente empezamos a envidiar su acogedor hogar rodeado de tranquilidad. Acto seguido se anunció el protagonista del desayuno, el olor a pan fresco inundaba la cocina y salía al porche donde estábamos sentados. Armin, quien se resiste a dejar atrás tradiciones de su cultura natal, prepara pan diariamente con una receta que se asemeja lo más posible a aquella con la que creció. Ana lo complementó con una mermelada casera que lo maridaba perfectamente. Luego siguió el deleite.

Mientras veíamos las aves que comían plátano en el jardín, y los colibrís que pasaban de cuando en cuando, Armin sacó su computador y mencionó otro logro que habían alcanzado en la Fundación. Abrió una presentación y nos compartió los hallazgos de su trabajo de investigación acerca del mono nocturno que habita en estos bosques. Encontró, por medio de un estudio de densidad, que el número de especímenes por unidad de área es muy superior al encontrado en otras 3 áreas de estudio de esta misma especie en Latinoamérica. Este es un indicador de la reducción en área de su hábitat, lo que ha resultado en un mayor número de mutaciones genéticas observadas, como por ejemplo monos albinos. Esto a causa de la endogamia, pues se encuentran aislados y sus capacidades de reproducción se limitan a los miembros de su mismo grupo social. La relevancia de estos descubrimientos y el rigor metodológico llevaron a que esta investigación fuera publicada en una revista académica internacional de primates, enviando un mensaje a la comunidad académica del mundo sobre la importancia del ecosistema que están protegiendo.

La conversación y el encanto del bosque habían hecho que olvidáramos por un momento nuestro último compromiso antes de partir. Habían gestionado para nosotros un espacio para compartir Bicionarios con estudiantes de décimo grado y ahora teníamos que apresurarnos para llegar a tiempo. Luego, transcurrida la charla, almorzamos mientras sacábamos conclusiones sobre el tiempo que habíamos compartido. No sólo estábamos sorprendidos por los logros que ha alcanzado la Fundación, también lo estábamos por el vínculo de confianza que se había construido en tan poco tiempo. Por esta razón, y a manera de invitación para continuar en este camino, decidimos cerrar el espacio con una charla sobre estrategia para iniciativas sociales aprovechando la oportunidad de complementar el proceso de fortalecimiento que están adelantando y nuestra experiencia de emprendimiento en este tema. Finalmente llegó la hora de ir por nuestras cosas y despedirnos. Emprendimos nuestro camino, pero queda en nosotros una marca profunda por la demostración que acabábamos de tener sobre el potencial que tiene una idea relevante de impactar una comunidad. Avanzamos con el anhelo de lograr este tipo de impacto, con un claro deseo de volver y encontrar en el bosque esa casa en las nubes.

Escrito por: Sergio Martínez

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